Los agujeros negros son hoy una realidad cósmica confirmada. Son monstruos gravitacionales que capturan toda la luz y la materia.
Los agujeros blancos se imaginan como fuentes cósmicas: su horizonte infranqueable desde el interior dejaría brotar materia y energía hacia el cosmos. Este concepto sigue siendo una de las ideas más poéticas de la física.
La noción de agujero blanco surge directamente de las soluciones a las ecuaciones de Albert Einstein (1879-1955). En la década de 1960, al explorar las implicaciones matemáticas de la relatividad general, los físicos se dieron cuenta de que las ecuaciones que describen un agujero negro eran, desde un punto de vista puramente teórico, reversibles en el tiempo.
Un agujero negro es una región donde la curvatura del espacio-tiempo es tan extrema que el futuro de toda partícula apunta inexorablemente hacia la singularidad central. Si se invierte la flecha del tiempo en estas ecuaciones, se obtiene la descripción de un objeto cuyo pasado apunta hacia una singularidad: es decir, un objeto que "expulsaría" materia y luz desde un punto de densidad infinita. Esta es la definición matemática de un agujero blanco.
Aunque los agujeros blancos constituyen una solución matemáticamente coherente, su existencia física se considera altamente improbable, si no imposible, según las leyes conocidas de la física. El principal obstáculo es el principio de entropía.
Un agujero blanco nacería en un estado muy ordenado (baja entropía) y luego expulsaría desorden en forma de materia y energía, lo que parece contradecir la flecha termodinámica del tiempo, orientada irreversiblemente hacia un desorden creciente. A esto se suma una inestabilidad fundamental: la más mínima partícula de polvo cósmico que derive en su dirección bastaría para romper su equilibrio teórico y precipitar su colapso en un agujero negro.
A pesar de estos obstáculos, los agujeros blancos alimentan especulaciones fascinantes:
¿Cómo buscar un objeto que la mayoría de los físicos creen imposible de observar? La búsqueda de agujeros blancos enfrenta esta paradoja. Se centra en dos frentes: el estudio de firmas teóricas y el análisis de eventos cósmicos inexplicables.
Los investigadores rastrean señales únicas. Un agujero blanco auténtico aparecería repentinamente en el cielo, emitiendo un destello titánico de radiación y partículas antes de posiblemente colapsar. Esto se parecería a una explosión colosal de energía, sin causa aparente como una supernova.
Algunos astrofísicos han hipotetizado que estallidos de rayos gamma cortos y extremadamente energéticos podrían encajar en este perfil. El misterioso FRB (Fast Radio Burst) o ciertas anomalías en el fondo cósmico de microondas también han sido considerados como candidatos. Hasta la fecha, ninguna observación ha sido atribuida de manera convincente a un agujero blanco.