Descubierto en 2014 gracias a los trabajos de Brent Tully y su equipo, Laniakea, que significa "cielo inmenso" en hawaiano, es el supercúmulo galáctico al que pertenece nuestra Vía Láctea. Este supercúmulo contiene aproximadamente 100,000 galaxias distribuidas sobre una distancia de 520 millones de años luz y tiene una masa total estimada de 10¹⁷ masas solares. Este vasto conjunto es mantenido por fuerzas gravitacionales que organizan las galaxias en una red compleja de filamentos y vacíos, conectando las grandes estructuras del universo observable.
Laniakea está definido por flujos gravitacionales que convergen hacia un punto central llamado el Gran Atractor. Estos flujos indican la dirección en la que las galaxias son atraídas bajo la influencia de la gravedad. Gracias a observaciones de la distribución de las galaxias y las velocidades radiales, es posible cartografiar los límites de Laniakea y comprender cómo se forman las estructuras a gran escala en el universo.
La identificación de Laniakea ha redefinido nuestra percepción de nuestra posición en el universo. Mientras que nuestra Vía Láctea parece aislada a primera vista, en realidad está conectada a una red cósmica mucho más vasta. Este descubrimiento también subraya la importancia de las interacciones gravitacionales en la formación y evolución de las estructuras galácticas.
Estos supercúmulos, aunque físicamente distintos, a veces interactúan gravitacionalmente entre sí a escala cósmica. Esto hace del universo una vasta telaraña dinámica donde las fuerzas gravitacionales moldean la distribución de las galaxias.
El número exacto de supercúmulos contenidos en el universo observable es difícil de determinar con precisión, ya que depende de la definición exacta de lo que se llama un supercúmulo, así como de los límites de las observaciones actuales. Sin embargo, se pueden hacer estimaciones combinando datos cosmológicos, la distribución de las galaxias y modelos teóricos.
Los supercúmulos típicos tienen un tamaño de 100 a 500 millones de años luz y contienen del orden de 10⁴ a 10⁵ galaxias.
Considerando el tamaño y el espaciado promedio de los supercúmulos (unos pocos cientos de millones de años luz entre ellos), se puede estimar que hay aproximadamente 10 millones de supercúmulos en el universo observable.
Estos supercúmulos, aunque físicamente distintos, interactúan gravitacionalmente entre sí a escala cósmica. Esto hace del universo una vasta telaraña dinámica donde las fuerzas gravitacionales moldean la distribución de las galaxias.