No todas las estrellas brillan: el Universo alberga objetos tan compactos y masivos que su luz no puede escapar. Los agujeros negros son parte de estos astros extremos. Su campo gravitacional es tan intenso que ninguna forma de materia o radiación puede cruzar su horizonte, la frontera más allá de la cual todo desaparece.
Los agujeros negros estelares nacen del colapso gravitacional de estrellas muy masivas. Cuando el corazón de una estrella moribunda supera el límite que permite la formación de una estrella de neutrones, se contrae inexorablemente hasta convertirse en un agujero negro. Este proceso, descrito por la relatividad general, da lugar a uno de los objetos más misteriosos y fascinantes del cosmos.
Los agujeros negros pueden tener masas muy variadas: algunos pesan solo unas pocas veces la masa del Sol, mientras que otros, anidados en el centro de las galaxias, alcanzan millones o miles de millones de masas solares. Estos gigantes galácticos influyen en la dinámica de las estrellas circundantes y desempeñan un papel importante en la evolución de las galaxias.
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