
Neptuno ostenta el récord de los vientos más rápidos jamás medidos en un planeta. En su atmósfera turbulenta, los vientos soplan a velocidades supersónicas que alcanzan los 2.100 km/h, casi seis veces la velocidad de los vientos más fuertes registrados en la Tierra. Estos vientos desatados circulan principalmente de este a oeste, en dirección opuesta a la rotación del planeta, y barren la superficie helada del gigante azul con una fuerza increíble. El origen de esta energía fenomenal, a pesar de que Neptuno recibe tan poca luz solar, sigue siendo en parte un misterio para los científicos.
Al igual que Júpiter con su Gran Mancha Roja, Neptuno tiene sus propios sistemas de tormentas gigantes, siendo las más famosas las Grandes Manchas Oscuras. Observadas por primera vez por la Voyager 2 en 1989, estos anticiclones son zonas de alta presión tan vastas como la Tierra. A diferencia de las tormentas jovianas, las de Neptuno son efímeras: aparecen, migran hacia el ecuador a cientos de metros por segundo y desaparecen después de unos años, para ser reemplazadas por otras nuevas. En 2018, el Hubble detectó una nueva Gran Mancha Oscura en el hemisferio norte, acompañada de nubes brillantes y filamentosas comparables a cirros terrestres.
El campo magnético de Neptuno es uno de los más extraños del sistema solar. Está fuertemente inclinado (47 grados con respecto al eje de rotación) y considerablemente descentrado, no alineado con el centro del planeta. Esta configuración extraña, similar a la de Urano, provoca variaciones intensas en la intensidad del campo magnético en la superficie y crea auroras polares dispersas, muy diferentes de las auroras circulares de la Tierra o Júpiter. Los científicos creen que este campo magnético sería generado por un océano de agua y amoníaco líquido bajo alta presión en el manto, en lugar de por un núcleo sólido como en otros planetas.
Neptuno, aunque lejano, sigue siendo un planeta de actividad sorprendente. Su color azul profundo, debido al metano atmosférico, contrasta con la violencia de los fenómenos que lo animan. Más información.
N.B.: La definición oficial de un planeta (desde 2006) exige que orbite alrededor del Sol, que tenga forma esférica gracias a su propia gravedad y que haya "despejado" su órbita.