El Sistema Solar cuenta oficialmente con ocho planetas. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, anomalías orbitales sugerían la existencia de un cuerpo masivo y lejano. En 2014, Konstantin Batygin (1986-) y Michael E. Brown (1965-) relanzaron la hipótesis del Planeta 9 explicando el extraño agrupamiento de objetos transneptunianos.
Varios fenómenos observacionales se presentan como indicios indirectos a favor de la existencia de un planeta masivo lejano. Se pueden distinguir al menos cuatro categorías:
Estos indicios son coherentes con un modelo gravitacional que implica un planeta lejano, pero ninguno es concluyente por sí solo. Constituyen un conjunto de presunciones, no una prueba directa.
Varios programas importantes están escudriñando actualmente el cielo austral y boreal para capturar los fotones de este planeta fantasma. El telescopio Subaru (Hawái) y el observatorio Rubin (Chile) son los pilares de esta búsqueda. Sus estrategias consisten en:
Si el Planeta 9 existe, su magnitud aparente estaría entre 20 y 25, lo que lo hace accesible a los telescopios más grandes actuales, pero requiere un tiempo de observación considerable.
Hasta ahora, no se ha anunciado ninguna detección formal. En 2024, un estudio dirigido por Mike Brown excluyó aproximadamente el 80% de las zonas de posicionamiento posible para un planeta de magnitud > 22. Pero las zonas más probables (región de Tauro y Auriga) siguen en parte inexploradas. El misterio sigue intacto.
El Planeta 9 es hoy una hipótesis atractiva pero no confirmada. Se basa en anomalías orbitales reales de una decena de objetos transneptunianos extremos, anomalías que los modelos alternativos tienen dificultades para reproducir por completo. Las observaciones actuales aún no han permitido detectarlo, pero el espacio de búsqueda se está reduciendo. Para 2030, probablemente sabremos si este noveno mundo es una realidad o el más elegante de los espejismos estadísticos.